Fernando Alonso
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Biografía



Nombre: FERNANDO ALONSO DÍAZ
Fecha de nacimiento 29 Julio 1981
Lugar de nacimiento
OVIEDO (ASTURIAS)
Residencia: OXFORD (INGLATERRA). Siempre que tiene un poco de tiempo se desplaza a su Oviedo natal.
Situación familiar Soltero
Estatura 171 cm
Peso 68 kg


Victorias 1
Puntos 61
Grandes Premios 33
Pole Position 2
Podiums 5
Vueltas Rápidas 1
Comienzo en GP 2001 (Melbourne)
Mejor resultado 1
Equipo Renault


Aficiones: Es un apasionado de los deportes. Le gusta ver cualquiera de ellos. A la hora de practicar prefiere el ciclismo, el tenis o la natación. En sus ratos libres le gusta disfrutar del cine (especialmente de terror) y dedicar algún que otro rato a la lectura.

A sus 20 años, Fernando tiene una madurez muy superior a la que por su edad le correspondería. El hecho de estar compitiendo desde muy pequeño, con lo que eso conlleva a nivel de viajes, relaciones y experiencias, le ha hecho ser una persona responsable, que mira el futuro con la cabeza fría.

Fernando sabe muy bien lo que quiere (ser el número 1 del automovilismo, claro está), y dirige todos sus esfuerzos a ello, sin dejarse llevar por todos esos elementos que rodean a un adolescente, más aún si vive la fama.

La primera impresión que se tiene al verle, es la de una persona muy tímida. Pero cuando uno se acerca un poco más a él, su desparpajo impresiona. Sobre todo con los más allegados, gusta de gastar bromas y pasar buenos ratos siempre con la sonrisa en la boca.

Su sencillez es una de sus cualidades más preciadas, y resalta más todavía en ese mundo de cierta ostentación donde se mueve. Las máscaras o las estridencias no van con este joven prodigio.

Fernando Alonso cuenta con un impresionante palmarés competitivo. El piloto español de Renault obtenía el Campeonato de España de Karting en categoría Junior a los 13 años. Su determinación por la victoria iba incrementando a medida que transcurría eltiempo y dos años después se convertía en campeón del mundo de karting en categoría Junior.

El indudable talento que atesora el joven piloto asturiano y sus innumerables logros no ha pasado desapercibidos para el mundo de la F1. Si seguimos repasando el historial de Fernando, nos encontramos que en 1997 sumaba su tercer campeonato de España de karting. A partir de ahí da el salto al campeonato de Europa de kart antes de hacerse con el Euro Open Movistar en 1999.

La temporada 2000 es la de su introducción en la F1, ya que realiza labores de probador para Minardi a la vez que compite en la Fórmula 3000. Es ahí cuando sus actuaciones llaman la atención de diversos equipos de la F1, entre ellos Ferrari y Benetton. Alonso estaba enrolado en el equipo Astromega y sus mejores resultados en la F3000 fueron un sexto puesto en Austria, un segundo en Hungría y una victoria en Bélgica, que le valieron para finalizar el campeonato en sexto lugar.

En el 2001 y a pesar de ser piloto de Renault, Fernando debuta en la F1 defendiendo los colores de Minardi, donde comparte equipo con el brasileño Tarso Marques. Sus grandes actuaciones a pesar de lo limitado del coche con el que competía llevaron a Renault a reclamarlo a sus filas y apartarlo de la competición durante el 2002 para que se concentrara en las labores de probador.

Después de un año familiarizándose con el equipo y su forma de trabajar, Alonso se ha convertido esta temporada en piloto oficial de Renault, donde afronta su segunda temporada en la F1.

Su padre construyó un kart rudimentario para su hermana Lorena, pero fue Fernando el que le sacó rendimiento cuando aún no llegaba a los pedales.

Fuerte y formal. La leyenda que acompañó a John Wayne durante toda su vida bien podría aplicarse a Fernando Alonso. Asturiano puro, de carácter casi recio. Como su padre, José Luis. No da nunca un elogio de más, ni muestra sus sentimientos salvo con sus íntimos. Y formal porque sabe distinguir entre los que le apoyan de siempre y los advenedizos. Aquel que le haya despreciado sabe que, ahora que es el hombre de moda del deporte español, no podrá tener nada de él. Una personalidad forjada desde que a los tres años se subiera por primera vez a un kart. Fue una tarde de 1984 en el párking de un centro comercial.

Los padres de Nano, como le llaman sus amigos de Asturias, nunca pudieron permitirse demasiados lujos. Vivían en una casa de 70 metros cuadrados en un barrio humilde de Oviedo. El padre trabajaba en una empresa de explosivos como maestro mecánico y la madre tenía que compaginar las tareas caseras con su labor de dependienta en El Corte Inglés, donde sigue. Tanta normalidad es rara, por otra parte, en las biografías de la F-1.

Cinco años después de que naciera Lorena, la hermana mayor, vino al mundo Fernando. Fue el 29 de julio del 81. Desde el primer momento, José Luis quiso que sus hijos cumplieran una afición frustrada suya, el kárting, donde el cabeza de familia hizo sus pinitos con veinte años. Construyó un kart rudimentario para su hija... y se estrelló. Decidió entonces que se subiera el niño. No llegaba a los pedales, pero, como dice José Luis, “no se chocaba con nada, ya iba. Yo se lo ponía al ralentí porque él no podía acelerar ni frenar y yo le acompañaba a pie. Y mira, igual que otra gente se gasta el dinero en una escopeta y se va a cazar los domingos, yo me lo gastaba en ir con mi hijo a las carreras de karts”. El niño, que reconoce que hoy en día no se acuerda de nada de aquello, pronto estaba con cuatro años participando en sus primeros grandes premios, eso sí, de pueblo. Así lo cuenta Fernando: “Íbamos a las fiestas. Allí se hacían carreras de karts para niños. Los demás tenían entre seis y siete años y, claro, siempre era el último”.

Su padre define al Fernando infantil como un “chico tranquilo, pero con carácter. Siempre hizo lo que quiso y he sido yo mucho más cauto que él. Le puedo pedir tranquilidad en el coche, que él siempre va a tope. Es así desde que llegaba a los pedales”.

Su encuentro con Genis Marcó fue vital para que su dominio en las pistas de kárting españolas se trasladara también fuera de nuestras fronteras.

Alonso dormía en casa de Genis Marcó y éste destaca que siempre estaba callado, pensando en volver a competir. Su timidez era asombrosa: “Como ahora, pero multiplicado por cien. Recuerdo un viaje a Italia en coche en el que podía haberse pasado todo el camino en silencio si yo no llego a decirle nada. Sus respuestas eran sí o no, nada más. Luego cogió confianza y, además, en muchos sitios éramos los únicos españoles”.

Con seis años, Fernando Alonso ganó su primera carrera. Y con siete, ya era campeón infantil de Asturias. Ocho victorias en ocho carreras. El niño había dejado de jugar para tomarse las cosas en serio: “Llevo 17 años compitiendo al máximo. La gente se asombra de mi juventud, pero yo no. En realidad soy un veterano, aunque siempre haya sido el más joven en todo lo que he corrido”. De ciudad en ciudad, y de título en título, con un Peugeot a los circuitos mientras los padres de los otros iban en BMW y Mercedes.

La carrera del chico fue fulgurante y José Luis, su padre, hacía de mecánico y consejero. Pasó a cadete y entonces la afición empezó a convertirse en algo prohibitivo. “Le compré un kart con 11 años y debíamos cuidarlo hasta los 18. Teníamos que empezar a competir en Europa y yo no podía hacer frente a esos gastos. Entonces apareció Genis Marcó. Él fue nuestra salvación. Entonces todo cambió. Él era importador de karts y Fernando estrenaba uno por carrera. Conseguía dinero de patrocinadores para pagar los viajes y si no lo ponía él. Es el Adrián Campos de los karts y en el fondo casi más importante”. El salto a la profesionalidad es muy caro. Una temporada con estos monoplazas a alto nivel salía por 20 millones de pesetas.

Genis Marcó, un catalán que es toda una institución en las carreras y también ha llevado a Antonio García, conoció a Fernando gracias al dueño del circuito de karts donde éste solía entrenarse: “Tú que buscas gente buena, tengo un chico que podría interesarte. Tiene mucho talento”. Genis le hizo una prueba: “En su segunda carrera, un Campeonato de España, acabó segundo. Algo innato tenía que tener”.

Marcó y Fernando empezaron a convivir juntos mientras José Luis hacía de mecánico. Más de uno se coló al no tratarle como el padre. Se creían que era uno más. Juntos comenzaron a viajar por Europa, sobre todo a Italia, donde pronto se hizo un prestigio a base de ganar a los intocables pilotos locales. En su primera prueba allí, hizo el segundo puesto en entrenamientos ante el asombro de todos. Pese a sus repetidas victorias en el Campeonato de España, nadie hablaba de su trayectoria.

Con un sueldo de 100.000 pesetas al mes, llegó con 14 años al Mundial de karts. Allí dio sopas con onda a un tal Kimi Raikkonen, sí Iceman, el ganador del último GP de Malaisia. Al final del 95, probó un Fórmula Toyota y le ofrecieron hacer el campeonato, pero las condiciones no eran buenas. En su primer año mundialista logró el tercer puesto y una temporada después, con 15 años, ya era campeón del mundo.

Pensaba seguir en los karts, pero el ex piloto le fichó para la Fórmula Nissan de 1999, que ganó. Pasó a la F-3000, donde llamó la atención del gran circo.

Después del fallido proyecto de la Fórmula Elf Campus francesa, Alonso volvió al karting donde siguió como profesional... Hasta que se cruzó en su vida Adrián Campos. Aquélla fue la clave para que ahora el asturiano esté ahora en uno de los cuatro grandes de la Fórmula 1.

El ex piloto y jefe de equipo necesitaba un sustituto para Marc Gené en la Fórmula Nissan. El catalán, que al final ganaría el campeonato, no quería seguir en el campeonato de monoplazas y Adrián quería un hombre de talento. Antonio García le dijo que conocía a un chaval del kárting que era realmente bueno. Resulta que era el mismo chico que asombró a Campos en una prueba de exhibición de karts en Barcelona, el Marlboro Masters del 96. Adrián se reunió en junio de 1998 con él y su padre y le costó convencerles. “¿Seguro que no nos costará nada?”, dijo José Luis, desconfiado. “Seguro, seguro”. Era la tercera vez que el asturiano tanteaba su debut en los monoplazas y siempre había encontrado algún gato encerrado. “Aquella vez lo que más me sorprendió fue lo poco que hablaba. Apenas dijo palabra”, cuenta Campos.

Al término de aquella temporada, Alonso probó el coche de Gené en Albacete y al segundo día ya estaba rodando al ritmo de la pole del sabadellense. Era la segunda vez en su vida que llevaba un coche con marchas y ya iba como un tiro. Marc, asombrado, no cesaba de reírse en el muro de boxes. Aquel niño era un portento. Además de la resistencia inicial de los Alonso, Campos tuvo que luchar con el problema de subir un piloto no valenciano a un monoplaza patrocinado por el Circuit.

Al principio del Open de 1999, Fernando tuvo un par de salidas de pista cuando tenía de lejos la victoria. Una de ellas, muy sonada, fue en el Jarama. “Le dije que se tranquilizara —cuenta Adrián—, que no hacía falta que fuera con el dedo en la garganta todo el rato. Enseguida aprendió y el resultado fueron nueve pole position, seis victorias y ocho vueltas rápidas”. No tenía carnet y, con 17 años, volaba en los circuitos a 250 km/h. Se lo sacó nada más alcanzar los dieciocho, curiosamente sobre un Renault Megane y lo curioso es que, según el propio Alonso, “el profesor de autoescuela me decía que iba demasiado despacio”.

Alonso, con su primer título de monoplazas bajo el brazo, debía seguir su escalera hacia la gloria y el paso natural fue la Fórmula 3000, que compartía escenario con los Schumacher y Hakkinen. Ha sido la única vez que llevó sponsors para competir y a punto estuvo de no poder correr.

El ovetense conoció a Alejandro y Ricardo en una prueba de kárting en Asturias cuando apenas tenía cuatro años. Tuvo que compaginar carreras con estudios hasta llegar a COU.

Fernando Alonso también es fiel a sus amistades. El ovetense conserva sus dos mejores amigos, Ricardo Morán y Alejandro Rodríguez, a los que conoció en los karts cuando tenía sólo cuatro años. Se conocieron en una carrera en Ribadesella y desde entonces son todo lo inseparables que les dejan sus compromisos. Pasaron de jugar al fútbol los domingos de carreras a salir a cenar y a jugar a los bolos en su Asturias natal. Son compañeros de bocadillo, Coca-Cola y furgoneta, recuerdos infantiles y primeros amores.

Esta parcela también está relacionada con las carreras. De hecho, Ricardo y Alejandro siguen ligados a este mundillo. El primero es telemetrista del equipo de Adrián Campos y hace sus pinitos con la Copa Hyundai, mientras que Alejandro quedó tercero en el campeonato de Asturias de rallys. Ambos destacan la increíble rapidez de su amigo, al que sacan tres años: “La verdad es que no había manera de ganarle. Y eso que, de pequeño, era bastante bajito y nosotros algo más mayores. Siempre supimos que era bueno, pero cuando eres pequeño no tienes conciencia de estas cosas. No fue hasta que ganó el Mundial de karts cuando nos dimos cuenta de que llegaría lejos”.

Ricardo destaca de la personalidad de Fernando su timidez: “Muy reservado. Nunca le gustó salir de copas como otros chicos de su edad. Lo suyo ha sido estar tranquilo con su familia y salir si acaso de tarde. Aún quedamos de vez en cuando. Las carreras te hacen madurar antes”.

Y es que desde temprana edad, el trío de Ribadesella tuvo que crecer muy deprisa. Debían estudiar durante las competiciones, que muchas veces eran fuera de Asturias, y no disponían del tiempo que tenían otros chavales de su edad. “Pese a eso —cuenta Alejandro— Fernando siempre sacó muy buenas notas. Nunca tuvo problemas. En realidad, siempre hace bien todo aquello en lo que se empeña”.

El ovetense estudió de los cuatro a los catorce años (1985-95) en el colegio Santo Ángel de la Guarda. Allí cursó primaria y EGB. Lo dejó en octavo y de los profesores de entonces sólo quedan dos. Uno de ellos, Antonio Pastrana, reconoce haber madrugado en el GP de Malaisia. Más patente aún es la huella de Alonso en su instituto, el Leopoldo Alas Clarín de San Lázaro, donde estuvo de 1995 a 2000. El director, Alberto Saráchaga, expediente en mano, recuerda a Alonso como un “buen estudiante, salvo en COU, curso con el que no pudo copado por los compromisos deportivos”, y le describe “equilibrado y tímido”.

El centro tenían una notificación del Ministerio de Educación para que Nano pudiera compatibilizar las clases con la competición, al ser considerado por el Estado deportista de alto nivel. Alonso hacía pellas consentidas.


Bernie Ecclestone, el patrón de la F-1, intervino directamente para que el asturiano fichara por Renault y debutara con Minardi en la temporada 2001.

Cuando Fernando Alonso se bajó del podio después de vencer en Spa con la Fórmula 3000, aquello parecía un mercado persa. Allí estaba Gerhard Berger, de BMW, que fue a felicitarle. Y hubo otros grandes que se interesaron por él. También Ferrari y un equipo emergente que volvía al año siguiente con la escudería Benetton, Renault. Debían comprar los derechos del ovetense a Minardi, que se adelantó a todos el verano anterior.

Williams no lanzó una propuesta muy clara y Ferrari condicionó su relación con la escudería a un período indefinido como piloto de Prost. Fue la marca gala quien más se volcó con aquel chaval de 19 años. Cinco años de contrato y un proyecto para hacerle campeón.

En ese momento intervino Bernie Ecclestone, el dueño de la Fórmula 1, que se reunió con el chaval y su mánager Adrián Campos y les hizo saber que Renault iba en serio y, para debutar en el gran circo, podía hacer una temporada cedido en Minardi. Ecclestone estaba preparando la era post Schumacher y había visto en Fernando un talento descomunal. Además, con este joven español podía conseguir relanzar la F-1 en uno de los mercados de Europa donde peor funcionaba. Meses después de aquella reunión, Alonso achuchaba en Montmeló con su submotorizado Minardi a los Benetton Renault, mientras Ecclestone afirmaba orgulloso: “Mi equipo ideal de pilotos lo formarían Michael Schumacher Y Fernando Alonso”. Casi nada.

Pese a tener muchos abandonos y problemas a lo largo de aquella campaña, Alonso asombró a la prensa especializada. La revista británica Autosport le nombró tercer piloto más valorado del año, por detrás de Michael Schumacher y David Coulthard. En Suzuka llegó a adelantar al BAR de Panis, 100 CV más potente, en su mejor carrera hasta Melbourne 2003. Y su lucha durante todo el año fue hacer la pole de los pobres, el 18º puesto. Por coche, debía ser el 21º. Sólo una vez, en el GP de Malaisia, fue batido por su compañero de equipo Tarso Marques. Y fue por un calvario mecánico.

Fernando cumplió veinte años en Hockenheim y allí logró su mejor puesto de la temporada, décimo. Sin llegar bien a los pedales (era el coche de Marques) y con el motor a punto de reventar: “It’s fantastic, fantastic”, repetía sin cesar el dueño del equipo, Paul Stoddart. El australiano quiso seguir con él un año más, pero Alonso debía dar ya el salto a uno de los grandes, Renault.


La pole y el podio de Malaisia han desatado la pasión por ‘Nano’, al que los ingleses ya alaban tras criticarle por llegar a la F-1 en el lugar de Button.

La Alonsomanía comenzó en Malaisia, pero la primera piedra se puso en el GP de Francia 2002, cuando fue anunciado como piloto titular en sustitución de Jenson Button para 2003 . La prensa británica montó en cólera y se dedicó a destacar la presunta inexperiencia del asturiano. A Briatore no dejaron de preguntarle por su decisión y ahora se deshacen en alabanzas con él. El verano pasado Fernando entró de lleno en el desarrollo del nuevo coche, el R23, con visitas diarias a la fábrica desde su apartamento de Oxford y aportaciones como la posición de conducción, la más tendida del gran circo. El resultado, el mejor chasis de la F-1.

Parece mentira que el ovetense haya sido criticado en Gran Bretaña, porque en realidad es ya casi un hijo adoptivo. Lleva dos años viviendo allí. Primero en un apartamento típicamente inglés en pleno centro de Oxford y desde el 13 de enero pasado en otro más amplio en un suburbio de lujo de la ciudad, The Waterways. Todo blanco, de parqué y con muebles de Ikea. Dos habitaciones. 900 euros al mes de alquiler.

El niño de todos. Desde allí, prepara sus viajes y supervisa todos los detalles. Su obsesión por el trabajo es total y lo suaviza con un excelente humor. Desde que llega a la fábrica del equipo, una broma por aquí, una sonrisa por allá... Es el niño de todos y la pimienta latina en un ambiente aséptico y aburrido. Nano está a las diez en la cama, pero no le importa. Nunca fue trasnochador.

La preparación física es fundamental en su vida. Sin ella quizás no hubiera podido acabar la carrera de Sepang. Con 39º de fiebre, el corazón bombea más lento y el cerebro puede tener pérdidas de concentración. Con niveles casi de ciclista, el ovetense tiene 42 pulsaciones en reposo. Y puede llegar a 210. Su mayor capacidad para rendir en circunstancias extremas le ayudó a mantener el Renault en la pista.

Se machaca tres horas al día para mantenerse en forma. Matteo, su preparador, ha sido campeón
de Italia de triatlón. En otra época de la F-1, Alonso no habría podido terminar la carrera, y más después de pasarse la noche del sábado al domingo casi sin dormir y sobre unas toallas empapadas por su sudor. Pero ahora, los pilotos son auténticos atletas. ¿Para cuándo el próximo podio? Es una incógnita pero con El Toro, como le llaman en el equipo, todo es posible.

 

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